Fuera de la mansión, Fabián siguió en silencio a Julio, abatido
—¿Ya estás contenta?—preguntó, sin fuerzas para enfadarse. No tenía sentido. A Julio no le afectaría de ningún modo
Julio se detuvo y le miró.
—¿Me estás culpando por haberme dado cuenta de tus crímenes? Hasta las fieras cuidan de sus crías. ¿En qué te convierte eso a ti?
La expresión de Fabián se endureció momentáneamente.
—Nunca pretendí que te pasara nada. Sólo quería establecer un camino seguro para el futuro de tu hermano.
—