Sofía midió la expresión de Bruno, ansiosa por su respuesta:
—Así que ya lo sabes. Lo que ha pasado no es culpa de Julio. A nadie le gusta la idea de casarse con un completo desconocido o que le ocurra a él.
—¿Entonces por qué le gustas ahora? resopló Bruno, aún molesto porque Sofía defendiera a Julio.
Sofía no sabía qué contestar. Después de un largo rato, dijo:
—Lo más probable es que sea el destino.
Bruno se atragantó con su propia saliva:
—¿Destino? Más bien desgracia —pensó.
—Sea lo que