Julio comprendió su preocupación, pero mantuvo la calma.
—No te preocupes. Yo me encargo.
—De acuerdo. Llámame si pasa algo. En este momento, no puede ponerme un dedo encima, al menos no en público—Mientras Bruno estuviera del lado de Sofía, Juliana sólo podría hacer sus movimientos en secreto.
Sintiéndose conmovido por su preocupación, le sonrió.
—De acuerdo.
La llevó hasta la puerta principal y la observó hasta que su carro se perdió de su vista. Luego, volvió a entrar la casa.
Los dos estab