Era de noche y Julio llevó a Sofía a la mansión López.
—Ten cuidado. Llámame si pasa algo. Estaré aquí.
Con su identidad, no sería apropiado que la siguiera al interior. Lo único que podía hacer era quedarse en la entrada.
Sofía, que estaba abriendo la puerta, lo oyó y se volvió.
—No hay necesidad. Es mi padre biológico. Mi vida debe ser perdonada.
Sofía no podía soportar que una persona tan ocupada como Julio se quedara allí esperándola.
—Eso es verdad.
Julio asintió con la cabeza, pero