—¿Sofía?—Yolanda gritó su nombre cuando se dio cuenta de que Sofía no respondía. ¿Podría estar ya distraída?
Sofía volvió en sí torpemente.
—Lo siento. Me distraje.
Valerio sonrió, sin tomárselo a pecho.
El asistente se había ido, dejándolos a los tres en el despacho.
Yolanda hizo que Valerio se sentara antes de contarle brevemente a Sofía sus credenciales. Una vez que Yolanda hubo terminado, Sofía tuvo que constatar lo brillante que era. No es de extrañar que entusiasmara tanto a Yolanda.