Sofía salió agotada del quirófano.
—Toma —Felipe le ofreció una botella de agua, pero ella no la cogió.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó, pensando si el hombre no podría dejarla en paz de una vez.
—Sólo preocupado por ti —Sonrió, siguiéndola hasta su despacho.
Sofía se sentó en su silla, descansando.
—Estoy bien. No hay de qué preocuparse.
—¿Estás segura de que estás bien? —Felipe se sentó frente a ella. —No necesitas hacerte la dura, sabes.
Sofía le fulminó con la mirada, demasiado agota