—Sé que estás ahí. Sal ahora antes de que echederribe la puerta abajo—Gael llamó desde fuera del baño.
Iba a casarse con él de todos modos. ¿Qué habíatenía de malo en acostarse con ellajuntos primero?
—Te daré hasta la cuenta de tres—la voz de Gael estaba mezclada con algo peligroso. Se había irritado cuando Camila huyó, y su escondite ahora no ayudaba. —No digas que no te lo advertí.
—Uno.
Camila aferróagarró con fuerza su teléfono, permaneciendotratando de mantenerse lo más quieta posi