Aburrida ya de la situación, Eva se dispuso a marcharse.
—Les aconsejo a todos que se preparen. Pronto no pueden permitirse vivir en una casa tan bonita.
Las cosas serían diferentes si la hubieran dejado convertirse en la heredera de la familia.
—¡Desgraciada! — rugió Esteban, pero no pudo reunir nada más que decir.
Daniela miró a su suegro y a su marido antes de seguir a Eva fuera.
—Espere, Srta. Llan. ¿Puedo hablar con usted, por favor? —gritó. Eva se detuvo y miró a
con expresión l