El salón se quedó en silencio casi al instante. Eva hizo una mueca, no esperaba menos.
—Yo también soy de Llan. ¿Por qué no tengo los derechos que tú tienes? —preguntó.
—¿Cuál es exactamente tu plan, Eva? ¿De dónde has sacado esta absurda idea? —Esteban gritó fríamente. Ya no reconocía a esta hija suya. Sentía que las cosas se le escapaban de las manos.
A Eva no le disgustó en absoluto la actitud de su padre.
—Por aquel entonces, no creía que tuviera lo que hay que tener. Pero ahora...—C