Cuando Sofía le contó al alcalde la propuesta de Julio, éste se mostró tan eufórico y agradecido que casi se arrodilló ante ella.
—¡Usted y el señor César son dos buenas personas, doctora López!
Le temblaban las manos y no sabía cómo expresar su gratitud.
Sofía le ayudó a levantarse.
—No tiene que darme las gracias. Todo es gracias al señor César.
Todo el mérito era de Julio, y ella no quería atribuirse su duro trabajo.
—No, no. Claro que estamos agradecidos por la ayuda del señor Cé