Después de un largo beso, Sofía miró con reproche a la persona frente a ella.
—¡Descarado!—exclamó. Se quejaba de su pretendida tristeza, pero en realidad, solo quería aprovecharse de ella.
—Ante ti, no me avergüenza ser un poco descarado— respondió él, aún abrazándola y sin querer soltarla.
Desde arriba llegó un sonido de tos seca, y Sofía rápidamente se zafó de los brazos de Julio. Bruno bajaba las escaleras, actuando como si no hubiera visto nada.
—¿Sofía, ya volviste? ¿No te encontraste co