Cuando estaba ansiosa, el camarero de repente agarró su mano y, bajo la mirada atónita de Sofía, escribió algunas palabras en la palma de su mano. Sofía salió del vestuario y volvió a la normalidad. Sin embargo, en su mente seguían destellando esas palabras: —No tengas miedo, estoy aquí. Julio está aquí. Por un momento, Sofía no sabía cómo expresar su emoción. Lamentablemente, no podía expresarlo, ni siquiera mostrar la más mínima señal de sorpresa.
—Es muy bonito—dijo Diego en su oído, y Sofía