La tensión en la habitación no desapareció.
Elena estaba cerca del centro, con el corazón aún acelerado. Adrian estaba a unos pasos, observándola con atención.
—No voy a salir de esta habitación hasta que me digas la verdad —dijo.
Su voz era tranquila, pero firme.
Adrian no se movió de inmediato. Su expresión seguía controlada, pero ahora había algo más debajo.
Algo más tenso.
—Estás dejando que ella te influya —dijo.
Elena negó con la cabeza.
—No —respondió—. Estoy reaccionando a lo que veo.
H