Damian
Ver a Jhon enloquecer de rabia puede ser mi pasatiempo favorito.
Seguimos en la oficina y Jhon sigue revisando los documentos, con el rostro enrojecido de rabia, hasta que finalmente me grita, su voz quebrándose en cada palabra:
—¡ME HAS ROBADO, MALDITO!
Una carcajada escapada de mis labios, resonando en la oficina como un eco provocador. La furia de Jhon es tan palpable que casi puedo tocarla.
—¿Robado? —le respondo, manteniendo la sonrisa mientras disfruto del momento—. Como yo lo veo,