POV de Mathilda
El sonido de la llave girando en la cerradura del ático fue como el disparo de salida para mi propia ejecución. Me quedé de pie en medio de la sala, vestida con un conjunto de seda color esmeralda, sosteniendo una copa de vino que amenazaba con resbalar de mis dedos. Collins estaba apostado cerca de la entrada, su rostro era una máscara de piedra, pero sus ojos me gritaban que huyera.
La puerta se abrió. Enzo entró, escoltado por el aire frío de la tarde y esa presencia abrumado