Liam llevaba horas dando vueltas en la cama, incapaz de encontrar descanso. Los pensamientos de Alaia invadían su mente, haciéndole imposible relajarse.
Trataba de imaginar qué estaría haciendo en su consultorio y por qué no había aceptado su invitación a almorzar.
“Quizás debería ir a verla en persona”, pensó, esbozando una sonrisa.
—¿En qué piensas? —La voz de Agnes, su esposa, lo sorprendió.
Liam se giró para encontrarla observándolo con una ceja arqueada, claramente intrigada por la sonri