Al día siguiente, Nolan se encontraba en el umbral del consultorio de Alaia con los resultados del análisis del panqué en mano.
Aunque sus pasos eran firmes, la atmósfera se cargó de una tensión palpable cuando sus ojos se cruzaron. Alaia levantó la vista de sus papeles, luchando por mantener la compostura, pero sus dedos temblaban ligeramente sobre la mesa.
Desde que se habían besado, cada interacción estaba cargada de algo que ninguno de los dos quería verbalizar.
—Alaia —dijo Nolan suaveme