Subes por el ascensor sosteniéndote la cabeza, preguntas te perturban.
¿Qué estás haciendo con tu jefe?
¿Por qué no puedes volver a casa y olvidarte de él?
¿Por qué no puedes sacarlo de tu mente?
¿Qué le está pasando a tu racionalidad?
Te das una ducha y te acuestas en tu cama a dormir un rato. Durante la tarde te dedicas a ordenar tu departamento. Aunque Cristian no está, necesitas poner en orden tus muebles. Algo que siempre postergas porque a él no le gustaba que cambies las cosas de lugar.