Damino:
Las lágrimas que él había reprimido ante la mirada del mundo, de sus súbditos y enemigos, ahora se deslizaban por sus mejillas de manera perezosa, haciendo que sus ojos oscuros se suavizaran, volviéndose tiernos y delicados, eternamente tristes. La mirada de un hombre roto.
Incapaz de poder sostenerse un solo minuto más, él se dejó caer ante la sepultura de su madre, mirando la estatua en busca de alguna respuesta posible. Aquella mujer, que ahora permanecía inmortalizada en una escultu