Ella se puso roja y todos reímos ante su vergüenza, luego de eso empezamos a jugar en el agua y al llegar la hora de almuerzo fuimos a un restaurante que se encontraba en el sitio.
La noche llegó así que fuimos al supermercado para comprar los malvaviscos que íbamos a asar en la fogata que Iihan se ofreció a hacer.
— ¿Ya están? — preguntó Dánae con ansias — quiero comer el primero que salga.
— Espera un momento — me puse a reír — ya casi está listo el que tengo aquí.
Nosotros hicimos los mal