“Pero Lucía no le creyó.
Para Felipe, esto era un golpe devastador.
Pero también sabía que había sido él quien erosionó su confianza, solo podía culparse a sí mismo.
Lo había imaginado muchas veces en su mente, y aún entraba dentro de lo que podía soportar.
Inspiró hondo, y su voz, en lugar de vacilar, se volvió más firme:
“Te demostraré que lo que he dicho son verdades, Lucía. ¿Podrías darme una última oportunidad?“
El coche ya había entrado en el garaje y se había detenido. Lucía se