Mundo ficciónIniciar sesiónNo puedo acercarme como a ti luna que no puedo llegar incluso caminando rápido, deberías dejar de aparecer y así dejar de seguirte escucho tu voz hablándome y por alguna razón sé que lo sabes todo. Eres muy grande para abrazarte y aunque soy una solitaria ambas somos amigas.
- Hermanita adorada, por fin regresas, te extrañe waaaaa, me arrodillo ante ti, ahora ya no tendré que trabajar por que tu mantendrás, a tu hermana y sus mil hijos
- Cállate, me haces pasar vergüenza, el aeropuerto está lleno- Asli Dayana, no te he visto por cuatro años, te he extrañado a miles- Yo también hermanita, a ti a mis sobrinos traviesos y a Samuel- Lo que me gusta más es que vivirás conmigo de nuevo- Si que felicidad, no sabes cómo se siento de feliz- No exageres de acuerdo, te prestare mi auto para que vayas a trabajar.- Sabemos que esto es temporalRegresaba a Los Ángeles después de cuatro años, en resumen, la vida en Manhattan fue relativamente increíble, viví momentos bueno, malos y divertidos, pero siempre acompañados de la única persona que podía confiar a la distancia, mi amiga Isabel.
Ambas regresamos a Los Ángeles pues se nos presentó la oportunidad, yo lo hice porque no quería vivir tan lejos aparte que mi hermana la extrañaba a mares y en el caso de Isabel terminó con aquel doctor mujeriego y bueno salió lo más rápido así que no lo pensó y regreso unas semanas antes.
Tenía una semana de descanso lo cual ayudaba mucho era el clima pues el sol jamás nos abandonaba, decidí en ir a la playa tomar sol y recuperar energías pues las necesitaba.
Mi primer mes en el hospital estuvo lleno de casos, los cuales hacían que mi labor en el hospital sea cada vez más comprometida,
Algunas veces hacia turno de guardias pues había pacientes por atender, adoraba mi trabajo, adoraba salvar vidas hasta donde me lo permitía y aunque no pude salvar a una es una recuerdo que permanece conmigo.
Mientras vivía en la casa de mi hermana, mis sobrinos no paraban de aprovecharse de mí, incluyendo a Cassey y Samuel que me dejaban de niñera, mientras disfrutaban su tiempo en pareja.
Según los últimos chismes que me comento mi hermana, Samuel se enteró que su hermano tenía una hija y aunque las cosas no resultaron bien, aunque sea sus padres, aunque estaban enojados con él, aceptaron a su nieta y bueno la chica vive con su hija y tiene una nueva pareja y Sebastián sigue soltero.
El hospital trajo buenas vistas, había nuevos doctores los cuales no eran de mis tiempos, pero estaban muy guapos, supongo que después de tanto tengo que buscar entretenimiento.
No negaría que extrañaba tener un amor de aquellos, pero preferí no después que mi corazón estaba más roto como lo aparentaba, aunque esa ya es historia para contar después.
Mis viajes al hospital no eran cansados, aunque algunas veces trataba de descansar antes de ir a casa pues no quería morir en el camino, ya estaba buscando un lugar donde hospedarme y comprarme una casa era un opción, pero no sabía que tan factible sea vivir sola en una casa tan grande por lo que termine optando por un apartamento en el piso siete de dos recamaras, dos pisos una sala grande con vista a la ciudad y una cocina equipada y moderna, la única diferencia es que no tendría auto pero es algo que mi hermana no perdió la oportunidad para disque vendérmelo y así Samuel le compraría otro nuevo. Es una tramposo.
Samuel es un amor de persona y un gran padre, mi hermana se ganó la lotería.
Mi vida trabajando en el área de neonatales era ejemplar y maravillosa, cuidar a los pequeños que día a día luchaban algunos para vivir, algunos nacían sin problemas, pero mi labor era la mejor y aunque también había días que atendía el área de pediatría cuando necesitaban mi ayuda, no me negaba jamás.
Isabel era aquella amiga que no dejaba que me desanimara jamás y estuvo a mi lado siempre y la cual quería que me buscara a un galán de telenovela al cual con el tiempo quien sabe lo que pasaría, pero quería que me divirtiera por lo que me presento a medio hospital en plan de amigos, ella era un chica que tenía miles de amigos, era muy sociable.
Así fue como conocí a John, era doctor también del hospital, tenía unos treinta años y era muy guapo, era típico doctor que robaba corazones y especialmente de las enfermeras.
John era alto de un metro ochenta, con un cuerpo atlético, creo que tenía un afán por esos chicos, con un peinado algo despeinado pero adecuado un pequeño cerquillo que caía sobre su frente que lo hacía ver más guapo y ni que decir de su rosto bien cuidado y sus ojos achinados de color grises.
Aunque solo salíamos a veces a almorzar juntos y de vez en cuando algun paseo o un café cuando nos encontrábamos en los pasillos, John era un neurocirujano muy bueno y se estaba volviendo en un buen amigo.
Aunque esa amistad que estaba naciendo entre nosotros, podría dar paso a algo más, aunque yo no me sentía lo suficientemente valiente para involucrarme con alguien, pero él se llevaba algunos puntos a su favor.
Empezó la semana con un lunes de locos, después de terminar mi primer turno de atender pacientes, tome un pequeño descanso hacia la cafetería.
- Asli, dichosos los ojos que te ven
- Hola, John es bueno verte también- Hoy es un lunes de locos- Ay ni me lo recuerdes, estoy muriendo- Estamos muriendo, hoy me tocaron pacientes malcriados y traviesos jejeje- Me los imagino, yo tuve dos cirugías y más tarde tengo pacientes.- Uffff, entonces yo invitare el café esta vez y uno doble, lo necesitas- Gracias, te lo debo.La conversación surgía de manera casual y sacándonos de vez en cuando alguna sonrisa, no nos dimos cuenta de que el tiempo paso volando y al mirar mi reloj casi salgo corriendo algo que John no pasó desapercibido.
- Asli, Mmmm el sábado tienes algo que hacer
- Trabajar- Jaja aparte de ello, en la tarde o noche- La verdad no- Excelente, es que tengo un cumpleaños de un amigo y pensé que talvez tu . . . - Claro, necesito emborracharme , no mentira, tomar un respiro- Entonces paso por ti a las siete te parece- Me parece perfecto, me voy cuídate- Cuídate AsliLa semana estaba algo cargada de casos, uno más caótico que otro, pero ninguno traía malas noticias y era lo bueno, pero si hubo una mala noticia, fue el sábado que llegaba al trabajo encontrándome con Isabel en la entrada con un grupo de doctores cerca al mural de los vestidores.
- ¿Qué paso? Todos tienen unas caras preocupantes
- Claro, amiga como no si hay seminarios obligatorios- Que, ay no, pensé que ya se habían acabado- Desgraciadamente no y habrá dos doctores extranjeros este año- Qué horror, ahora si nos obligaran más que otros años- Dalo por echo, y te tengo un chisme- Suéltalo de una vez, sabes que no puedo aguantar jajajaja- Dicen que van a invertir en el hospital y uno de los doctores se quedara una temporada sin retorno- Ay, no fácil nos tendrán como explotadas, sabes como son los que invierten- Si recorte y cero gastos- Paciencia eso necesitamos.Luego de aquel día, la mayoría de los doctores andaban sin ánimos pues esos seminarios eran más agotadores que los turnos de madrugada.
El sábado llego y como John había prometido llego por mí a las siete, lo bueno es que no era tan elegante así que me vestí lo más cómoda, pero sin perder el estilo, unos botines negros con unos pantalones jeans y un top negro de tiras.
El cumpleaños estuvo entretenido pues estaba lleno de juegos de mesa, era diferente a otras fiestas donde solo conversas y miras caras, no dejaba de reír y ni que decir de los amigos de John, era muy gracioso y descubrí que él también era una excelente persona a pesar de todo, aunque al igual que yo daba prioridad a su labor como doctor, ante todo.
La noche acabo bien se podría decir, aunque para John acabo mejor de lo que esperaba pues nos despedimos en dos besos y aunque el primero era lago temeroso, el segundo beso tenía algo de mezclada pasión oculta, por mi parte no quería hacerme ilusiones y solo dejarlo en un beso fugaz.







