Mundo ficciónIniciar sesiónHENRY
—¡Dámelo mi Reina, mi niña hermosa!, dame todo ese deseo que tienes acumulado por mí—, su pequeña orden envuelta con esa voz ronca hizo estragos en mí, elevé mi cuerpo y ¡estallé en una tormenta eléctrica de placer jamás imaginada!, mi cuerpo vibraba totalmente de tan intenso orgasmo que acabo de experimentar, no he acabado de llegar a la tierra, y de que mi cuerpo cesara de sus convulsiones, cuando lo siento que de una sola estocada se introdujo en mí, ¡rayos que placer,







