—¿Te parece que soy de las que no te dispararía? —preguntó apuntando la Glock a aquella mano que todavía tenía sana—. Voy a preguntarlo una última vez. ¿Quién te mandó?
Jake no podía hablar, y menos se atrevió a meterse, primero porque estaba seguro de que Nina era capaz de hacerle un agujero en un