La gobernadora respiró con cierto alivio, pero igual se le erizó la piel porque la mujer frente a ella tenía la sonrisa de una santa y la mirada de un depredador.
—Le agradezco… Eso sería… muy bueno. ¿Y qué voy a deberle? —preguntó sabiendo que todo tenía un precio.
—Nada más que hacer correctamen