Capítulo 148
La gobernadora respiró con cierto alivio, pero igual se le erizó la piel porque la mujer frente a ella tenía la sonrisa de una santa y la mirada de un depredador.

—Le agradezco… Eso sería… muy bueno. ¿Y qué voy a deberle? —preguntó sabiendo que todo tenía un precio.

—Nada más que hacer correctamen
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