Lo que me pide me cae como agua fría, no puedo hacer eso, yo quiero a César y eso lo lastimaría, se trata de su hermano.
—Estás loco —digo enojada—. Esto debe ser mentira, solo para conseguir lo que quieres.
Él se echa a reír.
—Te espero en mi apartamento y podrás verla si no me crees —concluye y corta la llamada.
Quito el móvil de mi oído y lo aprieto, quería aguantar mis ganas de llorar, pero como siempre, no logro evitarlo.
—Hey, Isabel, ¿Qué pasa? —me pregunta Samuel tomando mi rostro