Casi beso...
Asiento con delicadeza y trato de no ser duro con ella.
—¿Por qué no me hiciste caso Isabel? Tenías que descansar —no puedo evitar frustrarme—. ¿Acaso tengo que quedarme en casa para cuidarte?
Ella me ve, impresionada, yo también me impresiono de lo que digo, no es algo de lo que yo diría o haría a menos que la persona me importe.
—No, lo siento, usted debe trabajar y yo soy muy terca —suspira—, es por la costumbre de siempre estar haciendo algo para Alejandro. —Se encoge de hombros.
—No hagas