Se quedó helado en sus pasos. La voz no era fuerte. Era suave. Casi casual. Pero lo paralizó por completo.
No quería darse la vuelta. Realmente no. Su cerebro le gritaba que simplemente siguiera bajando las escaleras y fingiera que no había oído nada. Solo alejarse y subirse al coche.
Pero su cuerpo lo traicionó. Siempre lo hacía cuando se trataba de ella. Giró lentamente sobre las puntas de sus pies. La alfombra gruesa se sentía como arenas movedizas tirando de él hacia abajo.
Y entonces la vi