Sophia no podía dejar de moverse. El apartamento se sentía demasiado pequeño, aunque eran tres mil pies cuadrados de bienes raíces de primera. Recorría el largo del piso de mármol, sus tacones haciendo clic como una cuenta regresiva.
Cada vez que veía la cara de Diane en las noticias, sentía una oleada física de náuseas. Era la "gracia gélida" de la que todos seguían hablando. La forma en que la prensa había convertido a esa ratita en una mártir.
Era asqueroso. Estaba mal. Marcus era un desastr