Las puertas del comedor ni siquiera se habían cerrado del todo cuando el aire cambió. Era ese calor pesado y familiar del temperamento de Marcus.
Durante años, ese sonido—los pasos pesados y frenéticos de sus costosos mocasines sobre la madera—había sido suficiente para que los pulmones de Diane se tensaran. Solía prepararse. Solía preguntarse qué había hecho mal. Pero hoy, mientras caminaba por el pasillo bañado por el sol hacia la terraza, ni siquiera se molestó en acelerar.
"Diane. Detente j