Keira
Finalmente, el auto se detiene frente al Madam Geneva, un bar en Bleecker Street en el que he entrado algunas veces, pero a esta hora está cerrado y se lo hago saber al engreído de Decker. Una minúscula sonrisa se dibuja en su boca por mi comentario. ¿Se burla de mí? Estoy por mandarlo a la mierda cuando dice:
—Conozco al dueño.
Es muy sagaz, debo aceptarlo. Traerme a un bar cerrado… eso no lo vi venir.
—Mantenga su mano quieta. —Le advierto cuando noto su intención de ponerla en mi espa