51. Soltera y sin hijos todavía.
— Entiendo — Dijo Diddier dándose cuenta de que seguía sosteniendo a esa mujer de la mano.
Diddier ni siquiera se percató del momento en el que eso sucedió, quizá cuando la ayudó a no caerse o quizá mientras ella le estaba contando un poco de sí misma, lo único que sabías que si ella no soltaba su mano él no lo haría porque sus dedos encajaban a la perfección.
Levantó la mirada y se encontró con esos ojos enormes, que de un marrón muy común, grandes y hermosos, que estaban alojados en el interi