52. Es una pena que ya se vaya.
Los niños se durmieron pronto y los dejaron en el carrito que Jeremy trajo para no tener que llevarlos a la habitación y dejarlos allí con ellos, así los tenían más cerca y podían controlarlos.
La comida fue perfecta, entre risas y varias miradas de sus amigos que hicieron que Eva y Jeremy se miraran con complicidad el uno al otro. Aquello estaba casi hecho, solo necesitaban un empujoncito y ellos pensaban dárselo.
— Bueno, es hora de que yo me vaya — dijo Diddier viendo por la ventana que ya h