48. Tendré que aleccionarte.
— No tienes derecho a llamarme así, ¿Me escuchaste? — preguntó quedándose quieto por un instante en su interior dejaría que se acostumbrará un poco porque pensaba darle muy duro y sabía lo mucho que dolía.
—Lo sé perdón— jadeo y gimoteo Anahi, arañando con sus manos el colchón, sin posibilidad de poder hacer algo más que resistir cada uno de los duros embistes que recibía por parte de su amante.
Llevó los dedos entre sus piernas buscando su clítoris, buscándolo estimular y volver a mover la cad