En horas de la tarde, ya casi escondiéndose los últimos rayos de sol, Gerald se encontraba de vuelta en el hospital, lucía distinto, había cortado y acicalado su cabello y barba, se perfumó y vistió como de costumbre para dar a entender a su madre y a Samantha que todo estaba bien con él. Comió la comida que preparó el ama de llaves, compartió un rato con Connie, descansó y ya estaba como nuevo para cuidar a su prometida esa noche.
—¡Hijo qué bueno volver a verte así! Me contenta que hayas podi