39. Primero deben pasar por mí
Los besos de Gabriel se sentían como brasas ardientes recorriendo cada centímetro de su cuerpo y por un instante todo lo ocurrido en la morgue, en el sótano, la discusión con Alessandra, todo, quedó en segundo plano para ella.
Su mente parecía que no podía pensar en nada más que no fuera él. En la forma en que sus manos se sentían sobre ella, en la manera en que esos labios se amoldaban sobre los suyos y como su cuerpo parecía estar gritandole por más.
Sin embargo, eso no evitó que su lado rac