Eran las primeras horas de la mañana y los sirvientes tocaban la puerta de Margaret con el desayuno.
━ Buenos días mi lady, le traigo el desayuno.
Margaret aun permanecía acostada, cada vez le costaba moverse no por el peso de su vientre sino por las ganas de querer hacerlo, lo que si no le fallaba era un apetito que recién se había despertado en ella, después de pasar días comiendo por comer, parecía que el bebe había tomado el control.
━ Gracias Graciela, por favor llámame Margaret ya te lo h