Miedo. Toda su existencia se reducia a eso. Ese sentimiento enfermizo que infectava sus venas de un modo corrosivo, igual que las toxinas de las sustancias que abundaban en el burdel. Aquel maldito lugar que una vez llamo hogar.
Toda su vida, Bianca habia tenido miedo. A los hombres, a Max, a Arrobin, al amor, a tener una amiga. Igual que un animal desvalido que cae en una trampa y espera su momento de muerte, aquel golpe de gracia que le arrancara del mundo, Bianca estaba aterrada. Se notaba p