Roger se arregló con rapidez y se fue a buscar a Alexander a su habitación.
Quería contarle lo ocurrido la noche anterior y hablarlo con él.
Llamó a la puerta con suavidad, según su amigo su esposa tenía un sueño muy pesado y ni una bomba podía hacerla despertar.
Lo intentó varias veces hasta que un despeinado Alexander le abrió la puerta.
Llevaba arañazos por todo el pecho.
—¿Te acostaste con un gato? —le preguntó sarcástico y su amigo puso esa expresión de prepotencia que tan bien se le daba.