Me escondí tras la pared, no podía verlos sin arriesgarme a qué me descubrieran, así que me concentré en escuchar atentamente.
— No, señor. Sé que era la última dosis de suero que nos quedaba y se nos ha complicado últimamente conseguir porque no podemos movernos mucho, pero en vista de que la mujer no quería hablar y usted me pidió específicamente que no la dejara tan maltratada por el chiquillo, no me quedó otra opción. — Hugo.
— ¿Y qué? ¿Por lo menos si sacaste algo bueno?. — Roberto.
— Sí,