La sangre salía a borbotones, los gritos de Liam parecían desgarrar su garganta y yo me sentí liberada.
Esperé unos segundos, dejando que se desahogara entre alaridos de dolor e improperios, que para mí, eran como música para mis oídos. Me mantuve serena, con una sonrisa dibujada en los labios, nada más que observando su dolor, hasta que comenzó a disminuir el ruido.
El transmisor en mi oído estaba en silencio desde hacía rato, parecía que al escuchar que había iniciado con la tortura, Roberto