Fue lavada, arreglada y llevada a una lujosa sala llena de personas, su suave y ligero vestido de seda, dejaba poco o casi nada a la imaginación. Su esbelto y hermoso cuerpo parecía una obra de arte, del cual varios, se lamieron los labios mientras la admiraban. Fue repugnante, pero no podía hacer nada para escapar de esas horribles miradas.
Con miedo persistente y una inquietud aterradora, sus peores miedos se volvieron realidad esa noche...
A cambio de mantener a los niños bajo el “cuidado”