CAPÍTULO 11
Cuando llego a casa, me doy cuenta que mi pobre ángel se quedó dormido esperándome. No puedo seguir llegando tarde, me estoy distanciado de mi hijo, y todo por andar en citas falsas con un tonto engreído que llegó a arruinarme la vida. Suspiro exhausta y me quito los zapatos de tacón. Seguramente Janet su cuidadora lo acostó en la cuna, pero él regresó aquí buscándome. Lo tomo entre mis brazos, acaricio su cabello rubio y me echo con él sobre el amplio sillón. Su aroma a bebé me relaja y poco a