Argo observa a la ciudad silenciosa, es muy extraño ver al país tan claramente a pesar de que ya anocheció. Las personas apenas van saliendo de sus casas para salir a divertirse y los autos van y vienen. Normal. Viviendo sus vidas, tranquilas.
No para él. El espejo retrovisor le devuelve la mirada, la silueta de una persona acostada, acaparando completamente el asiento trasero de su auto deportivo. Maldición, cuidar a un borracho es una completa locura. No se quejaría si fuera su preciosa dama