Una sonrisa en mi cara era lo que reflejaba la paz y ligereza que sentía dentro de mí. Algo que hacía a mis colegas sonreírme de vuelta, y asentir con la cabeza en forma de saludo al verme pasar por los pasillos del edificio de la aerolínea. Cosa muy extraña tomando en cuenta los susurros en boca de ellos de lo mucho que me temían con mi semblante estoico.
Agradezcámosle esto a la mujer que caminaba a mi lado tomada de mi mano, apretándola cuando escuchaba alguna voz extraña acercándose a mí.