Este se sorprendió por lo que dijo mientras el otro estiraba su mano en dirección a la niña intenando tocarla, era la viva imagen de ella, de su aún esposa.
No podía asimilar lo que veía, dudó por un momento si debía preguntar nuevamente.
— Ni se te ocurra poner tus sucias y asquerosas manos en Eliza, ella no merece esto.
Frida Ono
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