La seriedad en sus ojos dejó aturdido a Tobias por un momento. Luego, como si algo hiciera clic en su mente, respiró profundo y asintió.
-Está bien -respondió-. En ese caso, por favor cuida de mi princesa -dijo, colocando suavemente su mano en la de Marcus mientras soltaba la de Rubí.
Su voz sonaba tan reacia que de repente Rubí sintió una oleada de dolor. Las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro. Era probablemente la expresión más indefensa que había escuchado jamás de su padre.
Marcus to