El señor y la señora Gibson intercambiaron miradas. La decepción estaba escrita en todo el rostro de Eva.
—Marcia, no tienes que encubrirla. ¡Pobre hija tienes la cara tan hinchada! —Una sonrisa apareció brevemente en el rostro de Marcia mientras la consolaban sus padres. Al final, Eva tomó una decisión. —No podemos dejar que esto pase. La visitaré personalmente mañana.
—Madre, deberías dejar ir a papá en tu lugar. Si ella también te lo hace a ti... ¿Cómo podemos dejar que eso suceda?— Marcia e