Por un segundo suspendido, el mundo se redujo solo a ellos tres.
Alejandro, Sebastian y ella misma.
El supermercado a su alrededor se desvaneció en un borrón de colores apagados y sonidos lejanos. Todo lo que Daniela podía oír era el frenético golpeteo de su propio corazón contra sus costillas.
¿Ale