―¿Puedes mostrarme el tuyo? ―Susurró, el dolor todavía no se le ha ido. ―Vaya. ―Eir sonrió, se puede ver a una loba, pero aquel espíritu es de una Diosa. ―¿Realmente me ves de esa manera? ―Vidar asintió, no lo ha visto, pero ya se imagina qué.
―Eres la única mujer a la que le soy devoto sin importar nada, eres mi Diosa. ―Eir sonrió con lágrimas en los ojos.
―Lo siento. ―Sollozó. ―Lamento haberte lastimado tanto…
―No te preocupes. ―La cortó, no necesita eso ahora. ―Tú también sufriste, yo también